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  • Foto del escritorDaniela Moscona

Navegando el vacío

Actualizado: 20 abr

1.Voy caminando por la calle.

Hay un hoyo profundo en la acera.

Me caigo dentro.

Estoy perdido... soy impotente.

No es mi culpa

Tardo una eternidad en salir


2.Voy caminando por la misma calle.

Hay un hoyo profundo en la acera.

Pretendo no verlo.

Vuelvo a caer dentro.

No puedo creer que esté en el mismo lugar.

Pero no es mi culpa.

Todavía tarda mucho tiempo en salir.


3.Camino por la misma calle.

Hay un hoyo profundo en la acera.

Veo que está ahí.

Aún así caigo dentro... es un hábito.

Mis ojos están abiertos.

Sé dónde estoy.

Es mi culpa.

Salgo inmediatamente.



4.Voy caminando por la misma calle.

Hay un hoyo profundo en la acera.

Camino alrededor de él.




5.Voy caminando por otra calle.


Nelson, Portia(1977)




Si alguna vez has sentido una sensación de vacío, de un hueco dentro de ti, lee esto.



Imagino a mi mente como un mapa, un mapa vasto, lleno de paisajes diferentes. Cada día que me levanto, puedo de manera azarosa, amanecer en otra parte: en un bosque fértil donde la vida me parece una posibilidad infinita o al pie de una montaña empinadísima, donde no logro ver cómo encontrar la fuerza para llegar a la cima. Las formas en que experimento la vida son múltiples y repetitivas.


Me imagino la mente de todos mis pacientes  y las personas que me rodean así, cada una como un continente  muy particular.A menudo en  sesión pido descripciones geográficas para entender mejor los lugares desde donde están experimentando el mundo, estos espacios internos. Dentro de las junglas, montañas y ríos que componen el vasto territorio de nuestras psiques, algunos de nosotros albergamos un desierto. Y cuando, de manera azarosa, la pelotita de la consciencia cae allí por la mañana, no queda más opción que sentir una soledad profunda y no tiene ninguna relación con donde uno esté porque puede suceder en sábado de fiesta, de cena en París o en un día de trabajo cotidiano.Puede ser que estés rodeado de gente y aun así experimenes tu Sahara interno.


Este ejercicio de cartografía mental no es simplemente un pasatiempo imaginativo; es una manera de navegar nuestra existencia. La idea de despertar cada día en un lugar distinto de nuestro mapa interno puede ser tanto una bendición como un desafío. Nos ofrece la oportunidad de explorar la riqueza de nuestra vida interior, pero también nos confronta con la tarea de aprender a navegar por estos paisajes, algunos de los cuales preferimos no visitar. 



Cada persona es un mapa y está compuesto de diferentes geografías, hay lugares frondosos, hay  parajes desérticos, hay tierra fértil, hay lugares viejos, hay geografías arquetípicas, Mordors y paraísos, lugares a los que regresamos en los sueños, otros donde no parece pasar el tiempo. Cada mente tiene tierras distintas, en verdad hay algunas más vastas que otras, algunas menos definidas. Hay personas que aunque viajan y conocen el mundo, internamente están siempre en la misma topografía psíquica y otras que tienen vidas internas de la riqueza de varios continentes. 


Quiero detenerme en un territorio particularmente desafiante: los abismos y vacíos que algunos de nosotros albergamos en nuestros mapas internos. Estos no son simples espacios deshabitados; son huecos terribles, insondables, que marcan profundamente la topografía de nuestras experiencias internas.


Algunas personas poseen en alguna parte de sus tierras, un precipicio abarcador, un abismo que parece extenderse a lo largo de vastas áreas de su ser. Otros, en cambio, albergan pozos profundos y oscuros pero  que no visitan frecuentemente ya que a menudo están anclados en el mundo de la infancia y no tienen acceso a él porque son personas que están desconectadas de la fuente de su origen y así se protegen y no sienten demasiado. Sin embargo, su mera existencia afecta sutilmente la manera en que navegan su vida.


Lo peculiar de estos abismos es que, al caer en ellos, no siempre somos conscientes de nuestra caída. No se trata de sentir dolor o tristeza; es una sensación de colapso, una ausencia de significado y propósito que nos envuelve. La existencia se siente vacía, y podemos experimentar un hueco en el pecho, una representación física de nuestra vacuidad interna.


A veces lo unico que algunos llegan a notar no es ni siquiera su vacío si no su intento de llenarlo solamente con sustitutos temporales: comida, el no comer (como una forma de simbolizar, habitar y hasta decorar ese vacío), aprobación digital ("likes"), dinero,ejercicio,trabajo, sustancias y hasta viajes ¿porque no?

Ninguno de estos reemplazos puede satisfacer o colmar el abismo. Son meros paliativos que, por un momento, nos distraen de la profundidad de nuestro vacío interno.


No podemos trabajar con algo si no la nombramos primero asi que al aceptar la presencia de estos abismos, podemos comenzar a explorar sus orígenes, su significado y, lo más importante, cómo podemos construir puentes sobre ellos o aprender a navegar su terreno.



Como terapeuta, me encuentro a menudo en la encrucijada de los complejos paisajes humanos, donde la sensación de vacío emerge con una presencia palpable, especialmente notoria en condiciones como son los trastornos de la conducta alimentaria,depresión, adicciones, trastorno límite de la personalidad y perfiles de tipo narcisista. Es decir estos huecos tienen mil mascaras distintas, se manifiestan no sólo como un síntoma sino también como un grito silencioso por conexión con el otro , con el mundo, con sí mismos. Por encontrarle sentido a su existencia tambien.


El vacío demanda una exploración que trasciende las categorizaciones diagnósticas para tocar la fibra de la experiencia humana en su forma más cruda y auténtica. La tarea de desentrañar y abordar este vacío se convierte en un viaje hacia el núcleo mismo de la condición humana, requiriendo un enfoque que integre conocimientos y perspectivas de diversas disciplinas y saberes.


Nagarjuna, una figura central en el budismo, propone que el vacío se revela como la verdadera naturaleza de todas las cosas, incluido nuestro sentido del "yo". La realidad que vemos y lo que creemos que somos (el yo) estan vacíos. Este entendimiento desmantela la ilusión de un yo aislado y constante, mostrando que, al igual que todo lo demás, somos fluidos y definidos por nuestras relaciones con el mundo que nos rodea.


Si en la realidad o en mi sentido de identidad no hay mas que vacío (y posibilidad entonces) y lo que soy o existe no es constante ni rígido si no que todo esta en continua transformacion,entonces lo que me pasa es transitorio, lo que creo inamovible es transitorio.


En lugar de ver estas experiencias como fallas personales o como indicadores de algo que debe de ser erradicado y llenado a toda costa, podemos entenderlos como aspectos naturales de la existencia humana.Así entonces podemos encontrar paz y sentido en la impermanencia.


En la práctica, esto significa que al encontrarnos con los desiertos y abismos en nuestro mapa mental, en lugar de buscar llenar estos espacios con soluciones externas o evitarlos por completo, podemos aprender a sentarnos con ellos, reconociendo su lugar en el vasto paisaje de nuestra experiencia. Así puedo entonces resignificar mis mapas , no borrando de ellos los paisajes difíciles sino integrándolos como parte de todo el reino que es nuestra alma.


Por otro lado, el psicoanálisis tiene una perspectiva bastante distinta,D.W. Winnicott, entiende el vacío como una ausencia de una experiencia emocional vital que debería haber ocurrido durante las etapas tempranas de desarrollo. Se origina cuando el ambiente facilitador, falla en proporcionar el soporte emocional esencial. Este ambiente es creado por cuidadores atentos y responsivos que reflejan y validan las expresiones emocionales del niño, permitiéndole así integrar sus experiencias y comenzar a formar un sentido coherente de sí mismo.


La ausencia de este otro confiable, o las respuestas inconsistentes o inadecuadas de los cuidadores, pueden dejar al individuo con un sentimiento de vacío, una especie de eco de lo que no se recibió: la experiencia de ser comprendido, aceptado y reflejado adecuadamente. La experiencia de sentise sí mismos, una sensacion de ser real y completo.

Este vacío es la huella en el espacio tiempo que se quedo impresa, esa sensacion de no ser real. Como alguna vez se experimento esto y esta ocupando un espacio en el terreno de la mente, lo vamos a reexperimentar por supuesto. Finalmente la consciencia es esta luz que va iluninando diferentes partes del mapa cada día.


Las personas que me consultan me preguntan si podemos borrar partes del mapa y el campo de la neurociencia tiene una respuesta posible: Daniel Siegel habla de cómo nuestras primeras experiencias con los cuidadores moldean la arquitectura de nuestro cerebro, estableciendo patrones para nuestra vida emocional adulta. 

Estas experiencias tempranas son fundamentales porque influyen en la formacion de nuestras partes más primitivas que es de donde vienen nuestras respuestas emocionales automáticas. De ese lugar tan remoto puede venir la sensación de vaçío, ese abismo se pudo haber abierto y establecido definitivamente en el mapa desde entonces.



Imagínate un bosque de neuronas interconectadas, esos circuitos se establecieron y formaron en la infancia. Hay una resonancia entre estos bosques  de neuronas y los bosques de nuestros mapas.


Aunque todos estos huecos se han establecido en la infancia, a nuestro rescate tenemos a la neuroplasticidad.Aunque es cierto que los circuitos formados durante nuestra infancia definen en gran medida nuestra vida emocional adulta, la capacidad del cerebro para formar nuevas conexiones y reorganizarse en respuesta a nuevas experiencias significa que podemos expandir nuestros mapas mentales y crear territorios completamente nuevos y hermosos.


Tenemos la capacidad de aprender a vivir con nuestros huecos de manera más armoniosa, a evitar quedarnos atrapados en ellos innecesariamente, y a transformarlos en arte o en trampolines hacia nuevos espacios de pensamiento y emoción. No buscamos borrar nuestro pasado o nuestros circuitos tempranos, sino aprender a dibujar alrededor de ellos.


Lo he visto suceder y es a través de los vínculos , he visto personas con geografías tan pobres en vida como una sabana en sequía construir un oasis, crecer ese oasis, he visto a personas crecer una selva adentro. Obviamente que la sabana de donde vienen no se fue a ningún lado pero ¡vaya! ya hay bastante más territorio psíquico desde donde moverse ahora. Uno de esos vínculos que es escenario de la neuroplasticidad es la terapia.




Además, las teorías modernas como la Teoría Polivagal de Stephen Porges, brindan una base para entender la experiencia del vacío en términos fisiológicos y emocionales, subrayando cómo nuestro sistema nervioso responde a las amenazas y al estrés. 



La sensación de vacío, puede ser entendida como una manifestación de un colapso del sistema nervioso. Este colapso ocurre cuando, tras un periodo de continua alerta y amenaza, el cuerpo recurre a un mecanismo para protegerse: la inmovilización o el "shutdown". Es un estado de parálisis o desconexión emocional y física que se activa cuando el organismo percibe que ni la lucha ni la huida son opciones viables. El sistema es tan sabio que cuando hay una sobrecarga del sitema nervioso lo apaga por un rato y es completamente normal y saludable y hasta útil neuroevolutivamente hablando, lo importante es no instalarse en el colapso.


Desde esta perspectiva, la experiencia del vacío no es aleatoria, sino un indicativo de que el sistema nervioso ha entrado en un modo de conservación, un tipo de respuesta neurobiológica a un entorno percibido como amenazante o insoportable. Así, cuando una persona siente un vacío profundo, puede ser una señal de que su sistema nervioso ha optado por "apagarse" temporalmente, en un intento de preservarse.


Integrando esta comprensión con la teoría de los mapas mentales, pienso que la "pelotita de la consciencia" no se desplaza hacia el abismo sin razón. En un sistema crónicamente en alerta, el mapa mental de una persona puede estar naturalmente inclinado hacia ese abismo, de manera similar a cómo el agua fluye hacia una coladera cuando hay una pendiente.


Entender este proceso ofrece una base para comprender nuestras experiencias más profundas de vacío o desconexión como respuestas adaptativas de nuestro cuerpo. Reconociendo las señales de nuestro sistema nervioso y las condiciones que precipitan estas respuestas, podemos comenzar a trabajar hacia estados de mayor seguridad y conexión, ajustando nuestra percepción y respuesta a las amenazas percibidas. Tambien a aprender a no identificarnos demasiado con ese vacío. Aqui entra el mindfulness, la respiración consciente y varias estrategias que han probado activar el nervio vago para llevarnos mas facilmente a estados de seguridad.


Como terapeuta, enfrento el desafío de integrar estas diversas perspectivas en mi práctica, buscando maneras de ayudar a mis pacientes a navegar y transformar su experiencia del vacío. Este viaje, aunque intrincado, ofrece oportunidades sin precedentes para el alivio, el crecimiento y, en última instancia, la reconexión con la riqueza de la experiencia humana. En este contexto, el vacío deja de ser un abismo para convertirse en un espacio de posibilidad.


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