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  • Foto del escritorDaniela Moscona

Aceptación Radical (Abre tu corazón y se transformara tu mente)

Actualizado: 21 abr





Ser un humano es como estar en una casa de huéspedes. Cada mañana una nueva llegada. Una alegría, una tristeza… aparecen como visitantes inesperados. Dales la bienvenida y atiéndelos a todos ellos. Haz los debidos honores a cada invitado. Quizás te esté enseñando algo para tu regocijo. El pensamiento oscuro, la vergüenza, la malicia… sal a buscarlos a la puerta riendo, e invítalos a entrar. Estate agradecido a quien quiera que venga, porque cada uno ha sido enviado como un guía del más allá

(Rumi, La casa de los huéspedes)






Hay algo particular sobre el dolor y el miedo en el ser humano pero que también

compartimos con otros mamíferos y es que estas emociones cambian el modo en el que estamos en el mundo, al menos temporalmente y es en un sentido de adaptación.


El dolor y el miedo hace que nuestro cuerpo, mente y corazón entren en modo de emergencia y por lo tanto nos paralizamos, atacamos o huimos. Esto en principio de forma temporal, solo mientras el peligro desaparece.


Pero en un mundo crónicamente estresado, nuestra respuesta al peligro acaba por convertirse en un estado rígido de tensión que deja poco espacio para procesar las emociones.

Gran parte de nosotros acabamos por cerrarnos ante el dolor, el nuestro y el de los demás. Perdemos la apertura para conectar con el otro, estamos eternamente en estado de emergencia y aunque estamos protegiéndonos contra más dolor, esa coraza que nos cubre de él tampoco deja entrar el amor ni la compasión en toda su extensión, todo entra por la misma vía. Todo síntoma es un intento de solucion de un problema previo.

Esta “cerrazón” tiene una razón evolutiva, estamos diseñados para reaccionar de 3 diferentes formas ante el peligro: pelear, paralizarnos o huir. Lo interesante es que actualmente no solamente se nos activan estas respuestas ante un peligro concreto como era entonces un feroz león sino que también se activan ante cualquier situación estresante: mucho tráfico, retos laborales y hasta solo leer una noticia (el cerebro activa las mismas respuestas como si el peligro estuviera alli) son suficientes para activar la respuesta biológica ante el peligro, ahora nos podemos imaginar de qué manera puede intensificarse esta misma respuesta ante una guerra, pandemia o violencia continua que no son situaciones demasiado extrañas para cualquier ser humano.

Todos tenemos que protegernos del dolor, pero los terapeutas aparte de protegernos a nosotros mismos del estrés crónico del mundo actual (y con esto no quiero decir que no existiera un estrés crónico antes si no en cada época hay un estrés particular) tenemos el deber de permanecer abiertos al dolor y al corazón de nuestro consultante o paciente. Creo que no es una meta exclusiva de los psicólogos si no de cualquier ser humano: todos sufrimos y todos tenemos a alguien eventualmente que sufre cerca de nosotros.

El concepto de “permanecer abiertos”, tiene que ver con que exista una apertura,,una puerta para recibir las emociones, para darles la bienvenida a todas ellas porque esa es la única manera de procesarlas, hay que sentirlas primero.

Si nos cerramos al dolor, también nos quedamos constreñidos o limitados a que toda nuestra experiencia se vuelva la tristeza o el dolor que sentimos: todo lo vemos a través del lente del trauma y no lo sabemos. No nos queda espacio para que nos demos cuenta de que somos más que eso. Dolor, tristeza son solo una pequeña pequeña parte.

Walt Whitman lo expresa en su poema Canción para sí mismo: “Sí, me contradigo. Y ¿qué? Yo soy inmenso y contengo multitudes”.

La alternativa que propongo es escoger la incomodidad, la incomodidad de recibir el dolor porque defendernos de él y no aceptarlo o no tener espacio para él en realidad suma otra capa de sufrimiento a nuestra ya difícil carga. En el budismo, la metáfora de las dos flechas ilustra esta idea. La primera flecha simboliza el dolor inevitable que experimentamos en la vida, como enfermedades o pérdidas. La segunda flecha representa nuestra reacción emocional a ese primer dolor, como la frustración, el enojo o el resentimiento, que son opcionales.


No podemos evitar la primera flecha. Es una aceptacion radical de todo lo que es la vida.

Esta aceptación es clave, en la medida que nosotros tenemos espacio para nuestras experiencias , en la medida que nosotros nos aceptamos a nosotros mismos incluyendo nuestras partes difíciles, nuestras emociones negativas, entonces también el otro se siente aceptado y el ser aceptado tiene un efecto muy poderoso.

La aceptación como una forma de amor(Lama Rod Owens), aceptar todo lo negativo no como una celebración si no como un paso para transformar.

No se puede luchar contra algo que no está presente ¿Cómo luchar una batalla sin el enemigo a la vista?

Entonces, piensa en una emocion difícil, caricaturizala,toma tu lapiz o tus pinturas y dibújala, vuelvela una imagen con la que te puedas relacionar, cuenta su historia y conocela a profunidad

Tenemos que reconocer aquello con lo que queremos trabajar porque de otra forma no hay camino para cambiarlo.

La práctica de hacer espacio nos permite ver la realidad más allá de nuestro dolor y nuestro trauma,silencia tu mente mientras abres el corazon, eso se llama meditacion, una especie de limpieza diaria del lente del cual estoy viendo mi vida y la de todos los que me rodean. En la medida en la que yo limpio mi terreno, hago espacio para poder sostener el del otro.


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